El crucial día que nadie se atrevió a despertar a Hitler

Hitler durmiendo durante el Desembarco de Normandía (Día D)

Era la madrugada del día 6 de junio de 1944 y Hitler, como de costumbre, veía películas y charlaba distendidamente junto a su círculo más cercano.

Entre esas personas se encontraba Joseph Goebbels, el ministro de Propaganda nazi, que disfrutaban del buen tiempo en la residencia de verano del Führer , al sur de Alemania.

Todo esto sucedía mientras se esperaba, desde mayo, un ataque aliado en alguna zona de la costa occidental. Desde el oeste de Francia llegaban reportes de actividad aliada, aunque todo parecía bajo control por las unidades desplegadas en la zona.

Hitler decidió que la velada había terminado y todos los invitados se retiraron a sus aposentos a eso de las 3 o 4 de la mañana. A nadie le pareció entonces que sucedía algo destacable como para molestar al dictador.

Pero a lo largo de las horas el caos se desató. Lo que parecían pequeñas incursiones se convirtió en graves problemas provocado por un asalto aéreo tras las líneas alemanas y a eso de las 5 de la mañana, los buques aliados comienzan a disparar sobre Normandía y minutos más tarde las fuerzas nazis avistan una inmensa flota en el canal de la Mancha.

Flota aliada durante el día D

Los informes comenzaron a llegar en tromba y de manera desordenada reportando combates en las playas de la zona, pero la información no es explícita y exacta. Durante horas, desde Alemania, saben que algo está pasando en la costa francesa, aunque no tienen los datos, y el valor, para despertar a Hitler y darle la noticia.

Más tarde, cerca de las 12 de la mañana, el dirigente alemán saldría de sus aposentos y sería informado de unos sucesos que, seguramente, harían que se le atragantase el desayuno. La invasión de la Francia ocupada había comenzado.

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